miércoles, 25 de septiembre de 2019

¿DE DÓNDE SOY? (Narración)


¿DE DÓNDE SOY?


Cuando se conoce a alguien, tras un intercambio de preguntas y respuestas, siempre se desemboca en la fatal incógnita: “¿De dónde eres?”  ¿Cómo contesto yo a esto? No sé si mi interlocutor/ interlocutora, querría escuchar la historia de mi vida, o a lo mejor solo le interesaría una respuesta concisa: “soy extremeña”, o una más larga, después de calibrar yo, si la persona es merecedora de tal contestación, porque llegados aquí, estaría obligada a filosofar, pero desgraciadamente, no todos saben cómo realizar esta acción. Supongamos que me decido por la respuesta larga: “Nací en Melilla”. Estaría de suerte si la persona en cuestión no me preguntara: “¿Eres mora?” Se supone que, si he elegido la respuesta larga, es porque entiendo que no me van a venir con tal estupidez, teniendo en cuenta que el nombre era la primera información sobre mí, obtenida por el interlocutor. Una vez metidos en faena en lo de descifrar esto de la procedencia, reconozco que dicha ciudad es la que figura en mi partida de nacimiento, pero no puedo contar nada de mi propia experiencia sobre esta, ya que la abandoné con tres años, a excepción de todo lo que mis padres y mis hermanos me habían contado, además de algunas viejas fotos que andan por casa. Del pueblito extremeño llamado Carcaboso en el que desembarcamos, sin tomarnos al pie de la letra el verbo” desembarcar”, pues, en él, como es evidente, no existe ningún mar, ni siquiera un gran río navegable como el Guadalquivir, aunque sí el río Jerte. Como os decía, de este pueblito conservo ciertos flases en blanco y negro de muchos momentos, que me parecen felices en su mayoría. El río Jerte también pasa por Plasencia, siguiente lugar en el que nos instalamos toda la familia tres años después. Si de algún sitio empiezo a guardar buenos y malos recuerdo, es de esta ciudad donde estudié la Primaria y el Bachillerato, por cuyas calles corrí y me hice adolescente. Mi primer amor se quedó en el aire del cielo azul que recorría las murallas medievales, que la envolvían en el asfixiante verano y la resguardaban del frío invierno. El acento de mi forma de hablar español se forjó allí. A continuación, vino la ciudad estrella: Salamanca. En ella realicé mis estudios de Filología Francesa. Digo la ciudad estrella, porque a sus piedras rosadas pertenecen mis mejores vivencias y no me digáis que aún me quedan muchas cosas buenas por vivir, porque actualmente estoy en mi etapa de madurez, por no decir en la tercera edad, de hecho, si quisiera, viajaría con el Imserso… Salamanca permanece en mi mente, junto con los mejores amigos, que recientemente he recuperado gracias a las redes sociales. Me imagino que he idealizado muchas realidades de este tiempo, pero el recuerdo me habla de las primaveras vividas allí. Veo muchas imágenes unidas al perfume de las flores, a los sonidos de las canciones que cantábamos acompañados de una guitarra y de las noches en blanco acabadas en la contemplación del amanecer a orillas del Tormes. Los cinco años de Salamanca también están asociados con mis viajes a Francia en verano, a saber, empleos de au pair, de colonias de vacaciones, cursos de verano…Luego: oposiciones, trabajo…  Poco después, por amor, mi larga inmersión en otra cultura… Si tuviera que volver a este último tiempo, querría no haber nacido. Afortunadamente, todo acabó ¿bien? No sabría qué decir… porque ahora me doy cuenta de que el “¿De dónde era?”, se ha convertido en un enigma difícil de desentrañar, aún hoy cuando describo esta vieja inquietud.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

CARTA PARA MI HIJA AUSENTE,( seguido del poema) YO NO ESTABA





CARTA PARA MI HIJA AUSENTE

Mi querida hija:
Nunca fui capaz de expresar mis sentimientos cara a cara. El hacerlo no entra dentro de mis habilidades. Cuando la emoción me invade, existe en mi cerebro un resorte que me aniquila el razonamiento y las palabras se niegan a salir. Ahora, cuando han pasado más de ocho años desde nuestra última conversación por teléfono, me resulta imposible seguir viviendo sin tenerte cerca.
 ¿Qué nos pasó, por qué te fuiste de mi lado? Me he hecho estas preguntas miles de veces durante el insomnio de numerosas noches sin ti. No sé quién tuvo la culpa, o cuál fue la causa.  Por mi parte, he pensado en mil razones maternas e, incluso, he visto una mano negra impidiendo que tú y yo siguiéramos nuestros diferentes caminos juntas.
Acabo de conseguir tu dirección a través de una amiga tuya, a la que llamaba de vez en cuando. Gracias a ella, he sabido que no te iba mal, que además de trabajar estabas estudiando. Yo he seguido con mi vida, aunque no hubo ni un solo día que no me inquietara por ti. Ya me estoy haciendo mayor, lo sé por las fotos de hace más de ocho años, donde estábamos juntas en cumpleaños, paseos…. Cuando las miro, recuerdo esos momentos como si fuera ahora, pero sé que el tiempo no me ha perdonado porque los espejos me lo dicen cada mañana. Muchas arrugas surcan mi cuerpo… no quiero seguir llorando, voy a mandarte esta carta y a rogarte que volvamos a empezar, porque mi amor por ti sigue intacto. Espero, hija mía, tener la suficiente sabiduría para que nos reencontremos y sigamos juntas hasta el final de mis días.
Con amor.
Tu madre


YO NO ESTABA
No sé cómo he podido
 vivir sin ti tantos años
¿Qué nos separó?
Me sentí enmudecer,
cuando tu boca esparcía
miles de reproches,
como lluvia ácida que helaban
mis palabras de madre
¿Qué les pasó a los sentimientos?
Quizás se derramaron por el suelo,
resbalando por la casa
ocultos bajo las penas,
pero mi voz también se perdió.
El tiempo no ha conseguido
curar tu ausencia.
Andaba a oscuras,
sin saber a dónde ir,
sin encontrarte,
intentando olvidar
que tú no te hallabas,
que yo me perdía
en una felicidad vana.
La oscuridad dominaba mi vida.

Yo tampoco me hallaba,
Solo regresaría,
si tú regresaras.






miércoles, 12 de junio de 2019

AQUEL LOCO SIN TECHO (Poema)





AQUEL LOCO SIN TECHO
Un día cualquiera
se vio en mitad del camino.
Ellos y ellas pasaban veloces,
casi perdía el equilibrio
por el aire desprendido.
Él cabalgaba sobre una nube gris,
frágil y blanda.
Se alejaba del mundo
hacia la nada.
Este hombre permanecía lejos.
Los otros desaparecían,
no los conocía,
no los comprendía.
Su voz, sus gritos
se perdían en el infinito
convertidos
en estelas invisibles.
Solo el propio corazón
perdido, las escuchaba.
Apareció el dolor
y lo atrapó con sus garras.
Ya de madrugada una luz rosada
se acercaba muy suave.
Le tomó el cuerpo ligero,
llenándolo de felicidad,
apagándole el sufrimiento.
Un abrazo cada vez más intenso,
cálido y bondadoso,
le arrebató el aliento
al loco sin techo.





jueves, 16 de mayo de 2019

Casa arrumbada (Poema para una foto de San Fernando)




CASA ARRUMBADA

El tiempo, verdugo inexorable,
fluye en nuestras vidas
dejándonos imperceptibles muertes.
Solo la distancia y el reencuentro
nos une a una realidad
que se desvanece sin un presente.
El ayer nunca existió, pero
el recuerdo lo reconstruye
en nuestras mentes.
La casa de espaldas al mar
Ve pasar la vida, mientras
sus muros solitarios
abandonan una existencia,
ahora inútil y triste,
antes alegre y risueña.
La casa de nadie, arrumbada, vacía,
con olor a antaño, a muerte,
amiga del tiempo,
guarda las huellas
de voces ya apagadas,
amores de savia nueva,
atardeceres con olor a algas y a sal.
Él la abandonó y le prometió volver,
con las manos llenas de riquezas,
un océano cruel se tragó la esperanza,
trayendo destrucción y miseria,
pero sus muros, casi vencidos,
aún retienen el hálito
de la memoria y nuestro olvido.









miércoles, 15 de mayo de 2019

La bisabuela Eloísa (Relato)


La abuela echaba de menos a su hija y decidió de pronto marcharse a visitarla, si solo vivía a cien kilómetros y apenas se veían -dijo la abuela-.  El abuelo, hombre poco adaptable a cambiar de entorno y de rutina, se quedó en casa refunfuñando. La alegría de María, su nieta de seis años, fue enorme al ver aparecer a la abuela con maleta y bolsa de regalos en mano.
-Abuela, abuela ¿qué me has traído? -se abalanzó la nieta para darle un abrazo intenso a su abu, como ella la llamaba con tanta gracia, cuando quería algo. Te he traído un libro de cuentos.
-      ¿Cómo se llama?
-      Se llama: “Las habichuelas mágicas”
-      Abu, ¿me lo leerás antes de dormir?
-      Quiero que lo hagas tú, mamá me ha dicho que te encantan los cuentos
-      ¿Qué te parece si te lo leo esta tarde después de terminar los deberes?
-      ¡Estupendo preciosa!
-      Abu, pero antes de dormir me contarás cosas de la Guerra, pues la otra vez, ¿te acuerdas?, cuando vimos en la tele lo de la guerra de Siria y te pregunté si había habido guerra en España y me dijiste que sí, pero que fue hace mucho años y me prometiste que en otra ocasión me hablarías de ese tiempo.
-      ¡Si yo no había nacido aún!
-      Abu, pero tu papá y tu mamá sí.
-      Querrás decir tus bisabuelos.
-      Eso, mis bisabuelos, por fa, por fa ¿Me lo contarás?
-      ¡Vale…, cariño! Lo haré.
La nieta cumplió la promesa.
Por la tarde, sobre las siete, las dos se sentaron en el sofá y María comenzó la lectura, no sin antes preguntarle, por qué había elegido ese cuento, pues era un poco antiguo. La abuela respondió que fue el primero que leyó, se lo echaron los reyes cuando tenía la misma edad que ella. Le había gustado tanto, que se lo contaba a sus hijos algunas veces antes de dormir, además le recordaba a su infancia, en aquel piso de alquiler de la ciudad donde sus padres vivían allá por los sesenta y donde las preocupaciones más importantes de los cabezas de familia eran alimentar a los hijos y hacer lo imposible para que una exigua paga de funcionario de ayuntamiento diera de si para sufragar todos los gastos familiares. Cualquier extraordinario como unos churros de desayuno un domingo en familia, era el no va más de la alegría, las carencias pecuniarias, no dejaban lugar a la compra de juguetes. Todo eso se suplía con la imaginación que los niños derrochaban en los juegos y con la facilidad de poder expandirse fuera de casa, en una pequeña ciudad sin apenas coches, donde el peligro brillaba por su ausencia.
-Abuela, ¿qué te echaban los reyes cuando eras pequeña? - La abuela solo recordaba esa vez, quizás no hubo más reyes.
- Pues no me acuerdo, ya han pasado muchos años.
 La nieta quería saber si únicamente recibió el cuento. La abuela respondió que además le habían echado un plumier con lápices, goma, sacapuntas y una caja de pinturas de colores de la marca Alpino.
-      Abu, ¿antes no existían las muñecas?
La abuela respondió que sí, pero que la única muñeca que tuvo ella en su vida, vino de Alicante como regalo de primera comunión, enviado por su madrina.
 Tras este rosario de preguntas y respuestas, la nieta comenzó la lectura.
-      “Había una vez, una pobre viuda que vivía en una pequeña cabaña, sola con su hijo. Tenían como único bien una vaca lechera. Era la mejor vaca de toda la comarca, daba siempre buena leche fresca para ella y el muchacho.
Pero ocurrió que la viuda enfermó y no pudo trabajar en su huerta, ni cuidar su casa por mucho tiempo. Entonces, ella y Jack (pues así se llamaba el joven hijo) empezaron a pasar hambre y decidieron vender la vaca para sobrevivir.
Un día en que había feria en el pueblo, Jack se ofreció a llevar la vaca al mercado. La viuda esperaba vivir varios meses con los víveres y las semillas que le darían a cambio del animal y dejó ir a su hijo.
Jack salió temprano, pues la feria se hallaba lejos. En medio del camino, se encontró con un hombre extraño que quiso saber por qué iba el joven con una vaca atada tan apurado…”.
A la abuela, casi se le saltaban las lágrimas de emoción por la dulcísima voz  de su nieta ¡Era tan bonito ese momento...! Pensó que la felicidad serían esos pedacitos de vida llenos de amor puro y desinteresado.
La abuela también cumplió lo prometido y cuando la nieta ya estaba en la cama, ella se sentó al lado y comenzó a narrarle la vida de su madre.
-Tu bisabuela se llamaba Eloísa.
-Abuela qué nombre tan raro, nunca lo había oído, yo conozco el nombre Luisa.
- ¿Conoces el nombre Eloy?
- Sí, hay un amigo de papá que se llama así
- Pues es el femenino de Eloy. Eloísa significa “la elegida”.
- Abu ¿Qué significa María?
- Se piensa que tu nombre es de origen hebreo y significa “excelente, excelsa”. En todo caso así se llamaba la madre de Jesús, por eso te lo pusieron tus papás.
- Abu ¡cuánto sabes!
- ¿Sigo contándote la historia de la bisabuela?
Sí, abu
 ¡Me encanta esta historia!
Nació el 1 de diciembre de 1925, en un pueblito de Cáceres que se llamaba Carcaboso.  Era la mayor de seis hermanos. Sus padres además de tener algunas huertas, poseían una tahona y una taberna.
-      Abuela, ¿qué significa “tahona”?
-      Así se llamaban los hornos donde se hacía el pan. Es una palabra de origen árabe.
-      ¿Y “taberna” significa bar, no abu?
-      Sí, cariño
La bisabuela Eloísa nunca fue a la escuela porque sus padres desde muy pequeña la dejaban al cuidado de los hermanos o la mandaban al campo. Casi siempre iba descalza o con alpargatas de esparto. Sus primeros zapatos los consiguió con once años acarreando agua con un cubo para algunos vecinos, así ahorró un poquito y se los compró.
-      ¡Qué pena abu, la bisabuela era pobre!
-      No cielo, no era pobre, sus padres tenían una mentalidad atrasada e ignorante y eran muy egoístas. Porque en aquella época muchas familias que poseían los mismos bienes e incluso menos, trataban mejor a sus hijos. El padre de tu bisabuela era un holgazán y se corría muchas juergas fuera de casa, mientras la mujer y los hijos trabajaban para vivir.
-      Abu, mis papis tienen trabajo los dos y yo cuando era más pequeña me llevaban a la guarde y a mí me encantaba porque tenía muchos amigos.
-      Y a ti abuela, ¿tus padres te trataban así de mal?
-      No, cariño, el bisabuelo Higinio y la bisabuela Eloísa fueron muy buenos conmigo y con mis hermanos. La bisabuela Eloísa repetía siempre que no quería portarse con nosotros tan mal como sus padres. Fue muy desgraciada en la casa familiar, pero no lo fue con su marido. Conoció al bisabuelo Higinio a la edad de 13 años, era 6 años mayor que ella. Esto ocurrió cuando tu bisabuelo estaba en el frente luchando con Franco en contra de los Rojos, durante los permisos la cortejaba…
-      Abu ¿Qué significa “cortejaba”?
-      Significa que salía con ella, que se habían hecho novios.
-      Abu, a mí me gusta un niño de clase que se llama Sergio, es mi amigo y me encanta jugar con él, pero no somos novios. Entonces ¿la bisabuela se casó con 13 años?
-      No preciosa, solo cuando cumplió 20 años, el bisabuelo le pidió la mano a su padre, este lo rechazó, pues si la bisabuela se casaba, se le acababa el chollo, perdía una obrera, casi una esclava que trabajaba nada más que por comida, pero los padres del bisabuelo Higinio le organizaron una boda muy sencilla y se casaron.
-      Abuela y ¿los hermanos de la bisabuela Eloísa no se marcharon a la Guerra?
-      No cariño, porque eran pequeños, además el tatarabuelo pertenecía a los rojos, al otro bando.
-      No lo entiendo abu, ¿en el mismo pueblo vivían con enemigos?
-      Sí cariño, ya que la guerra del 36, fue una guerra civil entre hermanos y vecinos. Sin ir más lejos, el hermano mayor de tu bisabuelo Higinio estuvo en la cárcel por sus ideas de izquierdas, sin embargo, tu bisabuelo era de derechas, pues se fue con 17 años a luchar al lado de Franco.
-      A mi amiga Lorena le ha dicho su papá que Franco era malo.
Abue ¿Franco era malo?
-      Franco era un dictador
-      ¿Y eso es malo?
-      Está mal, por una parte, pero por otra fue una forma de poner orden en España, pues para que un país funcione bien tiene que haber orden. El problema es que se quedó demasiados años, hasta cuando ya no hacía falta y España iba mejor.
-      Abu, entonces ¿Los Rojos eran buenos?
-      Tenían buenas ideas sobre la igualdad de las personas, pero las querían llevar a la práctica de mala manera, a la fuerza, lo mismo que los de Franco, sin ser el momento adecuado y saltándose todos los derechos y las libertades de opinión. Era la época de la sinrazón, como cuando tú deseas algo y tus padres no quieren dártelo, pues no es bueno para ti y no te lo dan porque te quieren mucho. Lo malo de la Guerra fue que todos querían imponer a la fuerza sus ideas y en las guerras nadie gana, todos pierden.
-      Abu ¡qué triste que se peleen entre hermanos! Yo si tuviera un hermanito o hermanita lo querría mucho, tanto como te quiero a ti abu. La abuela estrechó a la nieta entre sus brazos y la acarició, así se fue quedando dormida.


Al día siguiente en el desayuno le hizo prometer a la abuela que le enseñaría fotos de los bisabuelos y que seguiría contándole más cosas de ellos y de la Guerra.



Tu ilusión (Poema para una canción)






TU ILUSIÓN
Los años se te escurrieron
por los poros de la vida.
Más tiempo del que te acordabas
se había fugado anhelando
bellas cosas sin nombre,
íntimas emociones
pocas veces compartidas.

Fuiste mujer abriendo caminos,
pero el tuyo desconocido,
frenado por tus inseguridades,
prejuicios, deberes,
esas cadenas invisibles,
que te ataban al tedio de la razón,
te negaron ¡tantos y tantos sueños!

Estribillo
Miles de historias te esperan
para cantar quién eres tú
esa tú libre, esa tú
llena de experiencias,
esa tú desnuda
ante la vida que te quede,
esa tú realizando tu mayor ilusión.

Quizás ahora ya,
que nadie te necesita,
que tus criaturas
planean solas
en los frágiles cielos,
quizás ahora ya
tus ilusiones se realizarán.

Aquí están ahora
 hermosas canciones
acompañadas de tu guitarra,
que comprende la melodía
de tu voz un poco madura,
pero no acabada.

Estribillo
Miles de historias te esperan
para cantar quién eres tú
esa tú libre, esa tú
llena de experiencias,
esa tú desnuda
ante la vida que te quede,
esa tú realizando tu mayor ilusión.


La buena vecindad (Relato)





LA BUENA VECINDAD

La noche no podía ser más terrible, negra y estruendosa. El viento de Levante azotaba sin piedad las casas humildes del barrio hebreo. Carmen pensaba que sería incapaz de soportar una noche más, tan sola, en esa ciudad del norte de África, en la que le había tocado vivir porque el destino de su marido así lo requería. La humilde mentalidad de mujer rural, que había salido por primera vez de su pueblito extremeño, nueve años después de la guerra fratricida en la que tantas familias y vecinos se habían roto y enemistado por ideas ininteligibles. Carmen no comprendía la idiosincrasia de Melilla, que se le antojaba extraña y hostil. Temía ser engañada y estafada. En la calle de su barrio lucía una expresión huraña, siempre sería, por supuesto, no confraternizaba con sus vecinos. Únicamente se sentía segura cuando la acompañaba su marido. La única certeza era el trabajo de este, sustento de la familia, de dos niños: Jose de cuatro años y Juani de dos. Ahora dormían ajenos a la lucha que libraba el mar contra esta ciudad africana. Su marido, ya sargento, llevaba más de 20 días en las islas Chafarinas haciendo las guardias pertinentes, no volvería hasta el 24 de diciembre. Ella no quería quejarse, porque nunca había tenido una vida fácil, pero trasladarse a Melilla desde su pueblo. Primero ese viaje en el coche de su primo hasta Málaga y luego ocho horas de barco y para más Inri, no les había quedado más remedio que instalarse en un barrio donde pululaban únicamente hebreos y algunos moros, los españoles no abundaban. A Carmen se le hacía cuesta arriba el día a día con sus vecinos, a los que de entrada no entendía muy bien porque no hablaban en cristiano. Además, muy buena gente no sería. De hecho, los judíos habían matado a Jesús y además tenían fama de avaros y usureros. No eran gente de fiar-pensaba siempre- porque ya lo decía el refrán: “Cuando el río suena agua lleva”. Pero si la guerra esa de Europa había sido por su culpa, algo de razón habría en ello. Serían más o menos las doce y Carmen sentada en la mesa camilla, al calor del brasero, doblaba ropa, invadida por estos oscuros pensamientos que no la conducían a ningún puerto y se asemejaban a la tempestad que el mar libraba en la costa melillense. De repente un fuerte estruendo le hizo salir de su ensimismamiento. El corazón se le salía del pecho y se puso a temblar, fue corriendo al dormitorio donde los niños lloraban, pero no vio nada, sin embargo, la cocina se había abierto de parte a parte y un montón de escombros la ocupaban, esta daba al Este y no había podido soportar el envite del aire frío, que ahora entraba a raudales por la casa. Carmen no sabía qué hacer y se echó a llorar, solo pudo coger a sus niños y encerrarse en el dormitorio a esperar que pasase el temporal, pero hacía mucho frío, no sabía si podrían soportarlo. Temía que la casa entera se les cayera encima. De repente escuchó unos fuertes golpes en la puerta de la calle. Una voz de mujer con un acento raro estaba detrás. La voz insistía:
-      Señora, señora ¿Están ustedes bien? - y aporreaba la puerta con insistencia- Soy Raquel su vecina de al lado.
Carmen le abrió llorando-Sí, estamos bien, pero la casa se cae a trozos.
-Corre coge a tus niños y vente a la mía que es más fuerte porque el año pasado me la arreglaron y no hay peligro.
Carmen le puso a Jose un abrigo y Raquel lo tomó de la mano. Envolvió a Juani en una manta cogiéndola en brazos. Carmen cerró la puerta y salieron a toda prisa de la casa, que mostraba sus fauces abiertas.
Raquel le dijo que era viuda, pues a su marido se lo tragó el mar en una noche parecida a esa, hacía seis años. Esta hizo pasar a sus vecinos a un saloncito forrado con una alfombra donde una mesa baja y tres catres pegados a la pared, que por el día servían como sofás y por la noche podían convertirse en improvisadas camas para posibles invitados, constituían el único mobiliario de la estancia. Las paredes lucían un alegre color azul. Se respiraba un ambiente cálido con un leve olor a especias. Les ofreció a los niños un vaso de leche caliente endulzado con miel con el propósito de que pudieran conciliar de nuevo el sueño. Para ellas dos, trajo unas tazas de hierbaluisa, que endulzaron también con miel. Los niños estaban muy nerviosos y lloriqueaban sin querer dormir. Raquel les preguntó si les gustaban las canciones y ellos la miraban con extrañeza. Preguntó a Carmen si podía cantarles una canción, esta asintió con la cabeza.
Raquel empezó a cantar con una voz suave y melodiosa:
- Abridme galanica
que ya amanece.
- Abrir ya vos abro
mi lindo amor,
la noche yo non durmo
pensando en vos.
Mi padre está meldando
nos oyerá
- Amatadle la candela
así se echará.
- Mi madre está enfornando
nos oyerá.
-Arrubadle la palica
así se durmirá.
Cuando Raquel hubo terminado su dulce canción, los niños dormían plácidamente. Carmen preguntó por la canción a Raquel, esta le dijo que se la enseñó su madre cuando era pequeña. Los padres de Raquel se instalaron en el barrio hebreo, cuando se creó en 1905 para dar cobijo a las familias judías expulsadas de Taza por el Rghi Bu Hamara en 1902.
-Yo nací aquí y mi hermano también, pero ahora él está en Nueva York y se dedica al comercio, hace diez años que no lo veo. Tras la muerte de mi Elías, él me manda todos los meses un giro para que pueda vivir y no para de repetirme que por qué no me voy a vivir con él a Nueva York. Pero le tengo apego a esta tierra, a esta casa, que fue la de mis padres y a este mar que guarda el alma de mi querido esposo.
Por la mañana, el día amaneció soleado. Raquel los despertó con un espléndido bizcocho que ella llamaba pan esponyado y unas tazas humeantes de leche para los niños. Ellas tomaron un café que a Carmen le supo a gloria.
Después se marcharon juntas a la tienda de Samuel para comprar comida. La casa de Carmen permanecía cerrada por la parte de delante, aunque por detrás estaba derruida. La ciudad ofrecía un aspecto desolador, palmeras caídas en mitad de la calle, cristales rotos, muros derrumbados.
Samuel les puso al tanto, pues había escuchado en el parte de la radio lo ocurrido en aquella fatídica noche del 12 al 13 de diciembre de 1949. El general Galera, jefe accidental del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, había facilitado diversos pabellones militares para refugio de los que quedaron sin vivienda. Dice el alcalde que hasta el momento los datos que se tenían eran incompletos sobre víctimas y daños. Se sabe que se han perdido cinco pailebotes, dos barcos de arrastre, diez traínas y dos palangreros, con catorce víctimas. También han sido derribadas nueve viviendas y otras muchas han tenido que ser desalojadas ante la amenaza de ruina, y que ha habido seis muertos y varios heridos.
Raquel compró huevos, calabacines y medio kilo de carne picada de cordero   kosher para preparar calabacines rellenos. En primer lugar, se pusieron a elaborar pan ázimo, Raquel le explico que este pan se elaboraba con harina, sal y agua, pero sin levadura. Lo iban a cocer en una sartén, como así fue. Luego lavó los calabacines y los cortó en gruesas rodajas que vació en el centro, previamente había aliñado la carne picada con especias: canela, pimienta, comino, azafrán, culantro, perejil y ajo. Rellenó los calabacines y los dispuso en una cazuela de barro con cebolla perejil y tomate rallado, cubierto de agua. Lo puso en el fuego hasta que se coció. Carmen no salía de su asombro, pues jamás había visto una comida parecida.
 Raquel era amable y considerada, no permitió que Carmen y los niños se marcharan a los pabellones militares habilitados para la gente sin hogar. Carlos, el marido de Carmen llegó de la guardia en las Chafarinas el día 24 de diciembre y encontró a su mujer feliz en casa de la vecina hebrea. Rápidamente consiguió, primero una habitación en residencia militar y luego un buen piso donde vivir decentemente.
Nunca más Carmen pensó mal de nadie por diferente que fuera. Todos los refranes pertenecen a la sabiduría popular, pero se equivocan muchas veces con respecto a las personas, ya que la bondad, al igual que la maldad, no son patrimonio de ninguna raza, ni pueblo.