CARTA
PARA MI HIJA AUSENTE
Mi querida hija:
Nunca fui capaz de expresar mis
sentimientos cara a cara. El hacerlo no entra dentro de mis habilidades. Cuando
la emoción me invade, existe en mi cerebro un resorte que me aniquila el
razonamiento y las palabras se niegan a salir. Ahora, cuando han pasado más de
ocho años desde nuestra última conversación por teléfono, me resulta imposible
seguir viviendo sin tenerte cerca.
¿Qué nos pasó, por qué te fuiste de mi lado?
Me he hecho estas preguntas miles de veces durante el insomnio de numerosas
noches sin ti. No sé quién tuvo la culpa, o cuál fue la causa. Por mi parte, he pensado en mil razones maternas e, incluso, he visto una mano negra impidiendo que tú y yo siguiéramos
nuestros diferentes caminos juntas.
Acabo de conseguir tu dirección a
través de una amiga tuya, a la que llamaba de vez en cuando. Gracias a ella, he
sabido que no te iba mal, que además de trabajar estabas estudiando. Yo he
seguido con mi vida, aunque no hubo ni un solo día que no me inquietara por ti.
Ya me estoy haciendo mayor, lo sé por las fotos de hace más de ocho años, donde
estábamos juntas en cumpleaños, paseos…. Cuando las miro, recuerdo esos
momentos como si fuera ahora, pero sé que el tiempo no me ha perdonado porque los
espejos me lo dicen cada mañana. Muchas arrugas surcan mi cuerpo… no quiero
seguir llorando, voy a mandarte esta carta y a rogarte que volvamos a empezar,
porque mi amor por ti sigue intacto. Espero, hija mía, tener la suficiente
sabiduría para que nos reencontremos y sigamos juntas hasta el final de mis días.
Con amor.
Tu madre
YO NO
ESTABA
No sé
cómo he podido
vivir sin ti tantos años
¿Qué nos
separó?
Me sentí
enmudecer,
cuando tu
boca esparcía
miles de
reproches,
como lluvia
ácida que helaban
mis
palabras de madre
¿Qué les
pasó a los sentimientos?
Quizás se
derramaron por el suelo,
resbalando
por la casa
ocultos
bajo las penas,
pero mi
voz también se perdió.
El tiempo
no ha conseguido
curar tu
ausencia.
Andaba a
oscuras,
sin saber
a dónde ir,
sin
encontrarte,
intentando
olvidar
que tú no
te hallabas,
que yo me
perdía
en una
felicidad vana.
La
oscuridad dominaba mi vida.
Yo
tampoco me hallaba,
Solo
regresaría,
si tú
regresaras.

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