AQUEL
LOCO SIN TECHO
Un día
cualquiera
se vio en
mitad del camino.
Ellos y
ellas pasaban veloces,
casi
perdía el equilibrio
por el
aire desprendido.
Él
cabalgaba sobre una nube gris,
frágil y
blanda.
Se
alejaba del mundo
hacia la
nada.
Este
hombre permanecía lejos.
Los otros
desaparecían,
no los
conocía,
no los
comprendía.
Su voz,
sus gritos
se
perdían en el infinito
convertidos
en
estelas invisibles.
Solo el
propio corazón
perdido, las
escuchaba.
Apareció
el dolor
y lo
atrapó con sus garras.
Ya de
madrugada una luz rosada
se
acercaba muy suave.
Le tomó el
cuerpo ligero,
llenándolo de felicidad,
apagándole
el sufrimiento.
Un abrazo
cada vez más intenso,
cálido y
bondadoso,
le
arrebató el aliento
al loco
sin techo.

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