La abuela echaba de menos a su
hija y decidió de pronto marcharse a visitarla, si solo vivía a cien kilómetros
y apenas se veían -dijo la abuela-. El
abuelo, hombre poco adaptable a cambiar de entorno y de rutina, se quedó en
casa refunfuñando. La alegría de María, su nieta de seis años, fue enorme al
ver aparecer a la abuela con maleta y bolsa de regalos en mano.
-Abuela, abuela ¿qué me has
traído? -se abalanzó la nieta para darle un abrazo intenso a su abu, como ella la llamaba con tanta
gracia, cuando quería algo. Te he traído un libro de cuentos.
- ¿Cómo se
llama?
- Se llama:
“Las habichuelas mágicas”
- Abu, ¿me lo leerás antes de dormir?
- Quiero
que lo hagas tú, mamá me ha dicho que te encantan los cuentos
- ¿Qué te
parece si te lo leo esta tarde después de terminar los deberes?
- ¡Estupendo
preciosa!
- Abu, pero antes de dormir me
contarás cosas de la Guerra, pues la otra vez, ¿te acuerdas?, cuando vimos en
la tele lo de la guerra de Siria y te pregunté si había habido guerra en España
y me dijiste que sí, pero que fue hace mucho años y me prometiste que en otra
ocasión me hablarías de ese tiempo.
- ¡Si yo no
había nacido aún!
- Abu, pero tu papá y tu mamá sí.
- Querrás
decir tus bisabuelos.
- Eso, mis
bisabuelos, por fa, por fa ¿Me lo
contarás?
- ¡Vale…,
cariño! Lo haré.
La nieta cumplió la promesa.
Por la tarde, sobre las siete,
las dos se sentaron en el sofá y María comenzó la lectura, no sin antes
preguntarle, por qué había elegido ese cuento, pues era un poco antiguo. La
abuela respondió que fue el primero que leyó, se lo echaron los reyes cuando
tenía la misma edad que ella. Le había gustado tanto, que se lo contaba a sus
hijos algunas veces antes de dormir, además le recordaba a su infancia, en
aquel piso de alquiler de la ciudad donde sus padres vivían allá por los
sesenta y donde las preocupaciones más importantes de los cabezas de familia
eran alimentar a los hijos y hacer lo imposible para que una exigua paga de
funcionario de ayuntamiento diera de si para sufragar todos los gastos
familiares. Cualquier extraordinario como unos churros de desayuno un domingo
en familia, era el no va más de la alegría, las carencias pecuniarias, no dejaban
lugar a la compra de juguetes. Todo eso se suplía con la imaginación que los
niños derrochaban en los juegos y con la facilidad de poder expandirse fuera de
casa, en una pequeña ciudad sin apenas coches, donde el peligro brillaba por su
ausencia.
-Abuela, ¿qué te echaban los
reyes cuando eras pequeña? - La abuela solo recordaba esa vez, quizás no hubo
más reyes.
- Pues no me acuerdo, ya han
pasado muchos años.
La nieta quería saber si únicamente recibió el
cuento. La abuela respondió que además le habían echado un plumier con lápices,
goma, sacapuntas y una caja de pinturas de colores de la marca Alpino.
- Abu, ¿antes no existían las muñecas?
La abuela respondió que sí, pero
que la única muñeca que tuvo ella en su vida, vino de Alicante como regalo de
primera comunión, enviado por su madrina.
Tras este rosario de preguntas y respuestas,
la nieta comenzó la lectura.
- “Había
una vez, una pobre viuda que vivía en una pequeña cabaña, sola con su hijo.
Tenían como único bien una vaca lechera. Era la mejor vaca de toda la comarca,
daba siempre buena leche fresca para ella y el muchacho.
Pero ocurrió que la viuda enfermó
y no pudo trabajar en su huerta, ni cuidar su casa por mucho tiempo. Entonces,
ella y Jack (pues así se llamaba el joven hijo) empezaron a pasar hambre y
decidieron vender la vaca para sobrevivir.
Un día en que había feria en el
pueblo, Jack se ofreció a llevar la vaca al mercado. La viuda esperaba vivir
varios meses con los víveres y las semillas que le darían a cambio del animal y
dejó ir a su hijo.
Jack salió temprano, pues la
feria se hallaba lejos. En medio del camino, se encontró con un hombre extraño
que quiso saber por qué iba el joven con una vaca atada tan apurado…”.
A la abuela, casi se le saltaban
las lágrimas de emoción por la dulcísima voz
de su nieta ¡Era tan bonito ese momento...! Pensó que la felicidad
serían esos pedacitos de vida llenos de amor puro y desinteresado.
La abuela
también cumplió lo prometido y cuando la nieta ya estaba en la cama, ella se sentó
al lado y comenzó a narrarle la vida de su madre.
-Tu
bisabuela se llamaba Eloísa.
-Abuela
qué nombre tan raro, nunca lo había oído, yo conozco el nombre Luisa.
-
¿Conoces el nombre Eloy?
- Sí, hay
un amigo de papá que se llama así
- Pues es
el femenino de Eloy. Eloísa significa “la elegida”.
- Abu ¿Qué significa María?
- Se
piensa que tu nombre es de origen hebreo y significa “excelente, excelsa”. En todo caso así se llamaba la madre
de Jesús, por eso te lo pusieron tus papás.
- Abu
¡cuánto sabes!
- ¿Sigo
contándote la historia de la bisabuela?
Sí, abu
¡Me encanta esta historia!
Nació el
1 de diciembre de 1925, en un pueblito de Cáceres que se llamaba Carcaboso. Era la mayor de seis hermanos. Sus padres
además de tener algunas huertas, poseían una tahona y una taberna.
- Abuela,
¿qué significa “tahona”?
- Así se
llamaban los hornos donde se hacía el pan. Es una palabra de origen árabe.
- ¿Y
“taberna” significa bar, no abu?
- Sí,
cariño
La bisabuela Eloísa nunca fue a
la escuela porque sus padres desde muy pequeña la dejaban al cuidado de los
hermanos o la mandaban al campo. Casi siempre iba descalza o con alpargatas de
esparto. Sus primeros zapatos los consiguió con once años acarreando agua con
un cubo para algunos vecinos, así ahorró un poquito y se los compró.
- ¡Qué pena
abu, la bisabuela era pobre!
- No cielo,
no era pobre, sus padres tenían una mentalidad atrasada e ignorante y eran muy
egoístas. Porque en aquella época muchas familias que poseían los mismos bienes
e incluso menos, trataban mejor a sus hijos. El padre de tu bisabuela era un
holgazán y se corría muchas juergas fuera de casa, mientras la mujer y los
hijos trabajaban para vivir.
- Abu, mis papis tienen trabajo los
dos y yo cuando era más pequeña me llevaban a la guarde y a mí me encantaba porque
tenía muchos amigos.
- Y a ti
abuela, ¿tus padres te trataban así de mal?
- No,
cariño, el bisabuelo Higinio y la bisabuela Eloísa fueron muy buenos conmigo y
con mis hermanos. La bisabuela Eloísa repetía siempre que no quería portarse
con nosotros tan mal como sus padres. Fue muy desgraciada en la casa familiar,
pero no lo fue con su marido. Conoció al bisabuelo Higinio a la edad de 13
años, era 6 años mayor que ella. Esto ocurrió cuando tu bisabuelo estaba en el
frente luchando con Franco en contra de los Rojos, durante los permisos la
cortejaba…
- Abu ¿Qué
significa “cortejaba”?
- Significa
que salía con ella, que se habían hecho novios.
- Abu, a mí
me gusta un niño de clase que se llama Sergio, es mi amigo y me encanta jugar
con él, pero no somos novios. Entonces ¿la bisabuela se casó con 13 años?
- No
preciosa, solo cuando cumplió 20 años, el bisabuelo le pidió la mano a su
padre, este lo rechazó, pues si la bisabuela se casaba, se le acababa el
chollo, perdía una obrera, casi una esclava que trabajaba nada más que por
comida, pero los padres del bisabuelo Higinio le organizaron una boda muy
sencilla y se casaron.
- Abuela y
¿los hermanos de la bisabuela Eloísa no se marcharon a la Guerra?
- No
cariño, porque eran pequeños, además el tatarabuelo pertenecía a los rojos, al
otro bando.
- No lo
entiendo abu, ¿en el mismo pueblo
vivían con enemigos?
- Sí
cariño, ya que la guerra del 36, fue una guerra civil entre hermanos y vecinos.
Sin ir más lejos, el hermano mayor de tu bisabuelo Higinio estuvo en la cárcel
por sus ideas de izquierdas, sin embargo, tu bisabuelo era de derechas, pues se
fue con 17 años a luchar al lado de Franco.
- A mi
amiga Lorena le ha dicho su papá que Franco era malo.
Abue ¿Franco
era malo?
- Franco
era un dictador
- ¿Y eso es
malo?
- Está mal,
por una parte, pero por otra fue una forma de poner orden en España, pues para
que un país funcione bien tiene que haber orden. El problema es que se quedó
demasiados años, hasta cuando ya no hacía falta y España iba mejor.
- Abu, entonces ¿Los Rojos eran
buenos?
- Tenían
buenas ideas sobre la igualdad de las personas, pero las querían llevar a la
práctica de mala manera, a la fuerza, lo mismo que los de Franco, sin ser el
momento adecuado y saltándose todos los derechos y las libertades de opinión.
Era la época de la sinrazón, como cuando tú deseas algo y tus padres no quieren
dártelo, pues no es bueno para ti y no te lo dan porque te quieren mucho. Lo
malo de la Guerra fue que todos querían imponer a la fuerza sus ideas y en las
guerras nadie gana, todos pierden.
- Abu ¡qué triste que se peleen entre
hermanos! Yo si tuviera un hermanito o hermanita lo querría mucho, tanto como
te quiero a ti abu. La abuela
estrechó a la nieta entre sus brazos y la acarició, así se fue quedando
dormida.
Al día siguiente en el
desayuno le hizo prometer a la abuela que le enseñaría fotos de los bisabuelos
y que seguiría contándole más cosas de ellos y de la Guerra.

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