jueves, 3 de mayo de 2018

MA LIBERTÉ ENTRE DEUX MONDES (Chanson sans musique)



MA LIBERTÉ ENTRE DEUX MONDES
(Chanson sans musique)
Ta lueur est éteinte,
Ta fermeté est disparue,
Tu t’es encore trompé
Dans ta certitude.
Tu nous as inondés d’aigreur.
Hier mon amour a été brisé,
Ton âme s’est envolée
En nous laissant orphelins
Devant la vie.

Refrain
Approche-toi de la sagesse !
Viens vers la liberté,
Cherchons-la !
Épanouissons-nous ensemble !

Mes yeux se sont enfouis
Dans mes entrailles.
Ils sont descendus
Au temps passé.
De vieilles chansons sont montées
 Parfumer cette solitude,
Me rendant une partie de moi,
Celle qui n’a jamais été à tes côtés
Parce que tu ne la voyais pas.

Refrain
Approche-toi de la sagesse !
Viens vers la liberté,
Cherchons-la !
Épanouissons-nous ensemble !

Aujourd’hui je regarde ton souvenir de près
Et cela me fait si mal
Que les larmes aveuglent mes yeux
Elles me brulent et me vident.
Je ne te demanderai pas
Si tu veux que quelqu’un
Différent de toi partage mon destin
Je ne t’entends plus,
Tu es dans un autre monde.
Refrain
Approche-toi de la sagesse !
Viens vers la liberté,
Cherchons-la !
Épanouissons-nous ensemble. !

Lui, il le sait déjà
Demain je l’appellerai,
Il écoutera ma pensée,
Il ôtera les fils barbelés
Qui l’enfoncent dans la douleur
En lui laissant paralysé,
Sans souffle,
Enveloppé dans un voile d’anxiété
Sans amour ni affection.
Refrain
Approche-toi de la sagesse !
Viens vers la liberté,
Cherchons-la !
Épanouissons-nous ensemble !


miércoles, 17 de enero de 2018

Mi amiga Piluca (relato)




MI AMIGA PILUCA

         No recuerdo cómo nos hicimos amigas, porque eso fue hace miles de años, pero aún guardo en mi mente la imagen de la primera vez que la vi entrando por la puerta de clase. No era a principios de curso, ya faltaba poco para las Navidades y en el ambiente se respiraba una cierta excitación por los exámenes y las próximas vacaciones.  
Colegio de las Josefinas


A pesar de estar en 4º de Primaria- creo que teníamos unos nueve años-, en este colegio de monjas, el único de señoritas en Plasencia, todos los padres estaban muy preocupados por el libro de calificaciones. Supongo que les daba igual si sus hijas aprendían mucho o poco. Para ellos, lo importante era los numeritos de la cartilla de notas.  Piluca apareció en la clase con sus largas trenzas de pelo castaño, de aspecto frágil por su gran delgadez, tenía un par de ojos marrones colocados sobre unas grandes ojeras. Llevaba un uniforme viejo y descolorido, que habría pertenecido a otra alumna del colegio durante algunos años. 
Babi beige
Cabás de madera



En la mano derecha portaba un viejo cabás de madera y en la izquierda un babi beige. Entró en mitad de la clase de geografía e iba acompañada de sor María de la Cruz, esta le dijo algo al oído a sor Amelia. A nosotras, hartas de cantar los ríos de España, nos alegró la interrupción que venía a romper una monotonía insufrible y repetitiva. Se marchó la monja y sor Amelia anunció la nueva incorporación de esta alumna, se llamaba Pilar y venía de Asturias. Sor Amelia le indicó que se sentara en el único pupitre vacío situado al final del aula. Piluca se dirigió a él con la cabeza gacha y la espalda curvada, como si temiera llamar la atención. Su vergüenza o tristeza, creo que era una mezcla de ambas, la convertían en un personaje minúsculo al que le gustaría ser invisible. Todas la mirábamos con curiosidad, o por lo menos yo, aunque sé y me consta que otras chicas lo hacían con desprecio, quizás por su aspecto de pobre. A mí me intrigaba la historia de su vida, qué hacía en Extremadura una niña asturiana. Piluca depositó sobre el viejo pupitre de madera el cabás para poder ponerse el babi, luego se sentó y sacó un plumier, un cuaderno y un tintero, y del plumier  sacó una vieja pluma de madera.
plumier
 Después nos olvidamos de la nueva compañera que se sentaba detrás y continuamos con la canción de los ríos.  A la hora del recreo, bocadillo en mano, salimos todas del aula como cohetes. Piluca se quedó la última. Despacio y con la misma tristeza con la que se sentó en su sitio, se encaminó hacia el patio. Al llegar, fue hasta la pared para apoyarse, yo estaba cerca. Me dirigí hacia ella mientras desenvolvía mi enorme bocadillo de chorizo y empecé a darle mordiscos. Piluca permanecía apoyada en el mismo sitio, pero ella no comía, ni tenía nada en las manos.
– ¿Te llamas Pilar no?, Ella respondió:
- Me gusta que me llamen Piluca.
- ¿Quieres probar? - le dije acercándole a la boca mi bocadillo. Contestó con la cabeza que no.
Bocadillo de chorizo
-Mira que es chorizo de la matanza de mi pueblo y está buenísimo- insistí yo. Acto seguido, corté un buen pedazo y se lo puse en la mano. Ella dijo gracias, y se lo comió. Yo seguí alabando las bonanzas de ese bocadillo que había compartido con la nueva compañera.
Terminamos de reponer fuerzas en un santiamén.
-Venga, vamos a saltar a la comba con Luci, Carmen y Puerto- Ella me siguió sin rechistar y yo les pedí que nos dejaran participar en el juego.
- Bueno, pero os toca dar- Repusieron ellas- Cogí una punta de la cuerda, y Piluca la otra y empecé a cantar:
Saltar a la comba
-“Al pasar la barca me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero, yo no soy bonita ni lo quiero ser, tome usted los cuartos y a pasarlo bien…” – Piluca seguía callada, pero mecía la cuerda acompasadamente y las otras tres compañeras saltaban al ritmo de la canción.
La campana sonó y el recreo llegó a su fin, nos pusimos todas en fila y fuimos entrando en las aulas ordenadamente. Ahora tocaba religión. La mañana transcurrió sin novedad y llegó el fin de las clases, era la una y nos fuimos a casa a comer, pues a las 4 empezábamos de nuevo. Yo vivía a diez minutos del colegio y emprendí el regreso a mi casa ¡Qué casualidad, detrás de mí venía Piluca!, al darme cuenta la esperé.
– ¿Vives por aquí?
Calle Zapatería
– Sí-me contestó ella. ¡Qué coincidencia, que su casa estuviera en la misma calle que la mía! Ella vivía en el bajo de un viejo edificio y nosotros en un piso nuevo cuatro puertas más arriba. Le pregunté por su familia y me dijo que a su madre le habían dado la portería hacía una semana y que solo estaban su madre y sus dos hermanitos de dos y cinco años y que su padre murió en un accidente en la mina de Felguera, en Asturias, el pasado febrero.
Minas de Felguera (Asturias)
Cuando contaba esto su cara se ensombreció, parecía como si quisiera llorar y las lágrimas se le hubieran agotado. Muy seria y con un bonito acento castellano, continuó diciéndome que no eran de allí, sino de un pueblo de Santander que se llamaba Potes, pero llevaban viviendo dos años en Felguera porque su padre trabajaba en la mina de carbón. Tras la muerte de su progenitor, habían tirado con una minúscula indemnización por el accidente, pero les pidieron abandonar la casa de la compañía minera. A punto de quedarse sin dinero y en la calle, su madre llamó a una antigua amiga que vivía en Plasencia, esta le consiguió una portería con una pequeña paga mensual, pero por lo menos la vivienda, el agua y la luz eran gratis. La misma amiga de la madre le buscó a ella una plaza y una beca en el colegio de las Josefinas. En principio este colegio valía caro, aunque contaba con un pequeño número de becas para alumnas pobres y huérfanas que demostraran un buen aprovechamiento de los estudios. Piluca parecía tímida y le costaba hablar, pero mi curiosidad y mi empatía eran enormes. Pienso que Piluca lo supo enseguida, ya que se expresaba sin trabas. Le hablé de mi familia, de mis padres, del pueblo, en el que pasábamos el verano con mi abuela paterna, de la vida en el campo y de mis primos. A partir de ese día Piluca y yo íbamos siempre al colegio juntas.
Potes (santander)
 En muchas ocasiones quedábamos en mi casa para hacer las tareas de clase.  Yo, por mi parte, le dejé los deberes atrasados del trimestre, fue muy fácil, porque lo pillaba todo al vuelo, de hecho, esto nos sirvió de repaso para los exámenes. Así nos iba bien, porque a mí me gustaban las letras y a ella las ciencias, yo era gordita y ella flaca, no se podía ser más diferentes y sin embargo nos teníamos mucho cariño, éramos uña y carne, además de excelentes compañeras y buenas estudiantes. A ella le encantaba merendar conmigo mientras veíamos el programa de los Chiripitiflaúticos: Locomotoro, Valentina, el Capitán Tan y el Tío Aquiles, no nos lo perdíamos ningún día, acto seguido nos poníamos con las tareas de clase.
Los Chiripitiflaúticos
A veces acompañaba a Piluca su hermanito Tirso, que se llamaba así por el santo de su pueblo, solo tenía cinco años, se portaba muy bien. Mi madre estaba encantada con mis nuevas amistades, ella decía que Tirso era muy tierno y se lo comía a besos como si fuera su propio hijo. Mamá tenía un carácter alegre y optimista como yo, de hecho, nos parecíamos mucho. 

Pollo relleno
Para la cena de Nochebuena ella cocinó tres pollos rellenos y uno se lo llevé a casa de Piluca, ellas me dieron unos sobaos que habían preparado para las fiestas. Mi madre entabló rápidamente amistad con Ana, la madre de Piluca y de vez en cuando iban juntas a la parroquia a oír misa o a las reuniones de Acción Católica. En ese momento nos quedábamos Piluca y yo en su casa cuidando de la portería, de Tirso y de Toño, el más pequeño. Mi madre se llevaba bien con Ana y la animaba, pues aún no se había recuperado de la muerte de su marido e intentaba echarles una mano y cuando nos traían productos del pueblo, siempre había una parte para la familia de Piluca.
Sobaos pasiegos
Acabamos sexto de Bachillerato en el colegio con 17 años e hicimos COU juntas en el Instituto “Gabriel y Galán”, sacamos muy buenas notas y decidimos ir a estudiar a Salamanca, yo hice Filología francesa y ella Matemáticas puras. La suerte le seguía sonriendo porque obtuvo una beca salario y pudo terminar sus estudios sin problemas. En verano daba clases particulares y yo viajaba a Francia, pero nos mandábamos postales y largas cartas donde nos contábamos nuestras cuitas amorosas y nos pedíamos consejo la una a la otra. 
Boda de Ana

Piluca era la hermana que nunca tuve. Hicimos oposiciones el mismo año en Madrid y las aprobamos, pero nuestros primeros trabajos en Institutos, hasta obtener la plaza definitiva, fueron en puntos distantes. Yo elegí Andalucía porque allí quería vivir con el que sería el padre de mi hija. Almuñécar fue mi primer destino. Ella quiso volver a Santander. 

Hubo un tiempo en el que no nos escribíamos, supongo que estábamos muy atareadas creando nuestras vidas futuras. Su madre había vuelto a Potes, tras heredar una casa de una tía. Sus hermanos terminaron los estudios en Santander. Los tres hijos se ocupaban de la madre para que no le faltara de nada. 
Llegó mi boda, por supuesto, la invité a ella y a su familia, a la que acudieron sin dudarlo. Este día se convirtió en el más feliz de mi vida y no solo por casarme, sino también porque volvía a tener presente a mi amiga del alma, a la que vería con más frecuencia. Ella se casó dos años después y aunque estuviéramos lejos, de vez en cuando, Piluca con su marido y su niño venían a vernos, lo mismo hacíamos nosotros con nuestra niña. Jamás dejamos el contacto hasta el punto de que las vacaciones de verano las pasábamos juntos. 
María Pilar con sus dos abuelas


Al final nuestros hijos, que eran de la misma edad, se hicieron novios, se casaron y tuvieron una hija. Piluca y yo fuimos abuelas de una preciosa nieta, a la que llamaron María Pilar, María por su abuela materna y Pilar por su abuela paterna. Aquí podría decirle a mi amiga Piluca aquello de “amigas para siempre” y consuegras, por qué no.